El 10 de Octubre como lo predijo toda la campaña de mi última película…fue el fin del mundo. El fin de MI mundo. O sea, de uno de mis mundos. De la forma de ver las cosas. Ese día la burbuja dentro de la burbuja reventó. Ese 10 de Octubre me senté en una sala del Kinepolis de Madrid y me di cuenta que tenía entre manos un fracaso comercial. Un giga-tera-mega-super-duper-ultra fracaso. El 11 y 12 no fueron fáciles. Caminaba perdido por Gran Vía, extremadamente triste, pensando en que era una mala broma cósmica, en que esto no podía estar pasando. Me llamaron de un par de radios y descubrí que siempre, pase lo que pase, el show tiene que continuar. Repetí los chistes idiotas y respondí evasivas cuando me preguntaban por la taquilla. Todos apostaban a que tendríamos un éxito. Nada más lejos de la verdad. El lunes entrar a la productora y ver la cara de la gente que creyó en mi, fue peor que ser sodomizado por diez puerco espines (supongo…no lo he intentado…eh…o sea…no con diez.). Y aún mas horroroso fue llegar al hotel y encontrar 10 ejemplares recién salidos del horno del libro en su primera (y única) edición. Pero aguanté, no me quebré. Seguí adelante, grabé el piloto de una serie, viaje a una festival perdido en Italia, volvió el ruido (los gritos, la histeria, las alfombras rojas, las barras libres) y estrenamos en Chile.
Y bum, de nuevo…lo mismo.
Luego, el silencio.
Y un día, un día en enero, en la playa, después del terremoto y del maremoto, todo se quebró. Un día (ese día) algo se desconectó. O mejor dicho…se conectó. Y fluyó. Toda la pena, todos los chistes malos, todos los chistes buenos, todo el ruido, todas las noches del mundo, las risas, la soledad, la patética soltería, la épica soltería, la solitaria soltería, la divertida soltería, las noches de eternos textos con españolas, italianas, mexicanas, francesas, gringas, argentinas y sobretodo -claro- chilenas, las noches de Austin, Los Angeles, Madrid, Santiago, Maitencillo, Tokio, la prensa chilena absurda, la prensa española absurda, la prensa gringa absurda, la maravillosa critica de Jordi Costa y las 4 estrellas de El País, el Austin Chronicle y su acalorada primera reseña, el “infumable” de Las Ultimas Noticias en Chile, el premio en Fantastic Fest, el marketing, las entrevistas, la primera vez que vi la copia terminada con Aaron en Austin, Sitges y su auditorio, los olores, los flashes, mi piiiii en el oido (que todavía sigue), las eternas jornadas en Filmosonido con Mauricio, mis amigos, mis amigas, mis actores, mis actrices, mi equipo, la música fuerte, el rodaje, el invierno chileno, los cortes y recortes, los posters, la campaña, la primavera española, los kilos subidos, los kilos bajados, todos los vuelos en Lan, Delta, AirMadrid (y en lo que fuera), todas las llamadas de skype del universo, mi mamá en Madrid sentada en la premiere emocionada (y yo, emocionado viendola a ella), mi socio Miguel con Paz caminando por Shibuya y luego Madrid y luego a medio metro de mi casa, el ron con coca cola (Light, obvio), las Coronas (y Coronitas), la casi muerte de Nelson en A Coruña y de paso, todo A Coruña, Rio Miño y sus alrededores, Providencia, mucha Providencia, las malas citas, las buenas citas, las realmente horrorosas citas, la cama fría, la perdida de fe en el genero femenino, la recuperación de fe (y la perdida, nuevamente), la nostalgia, el departamento vacío, el departamento lleno (y yo, vacío), los hoteles de diseño, el Bar Constitución, mis hermanos riéndose en la premiere de mi, los libros regalados, los dvds comprados, las plantas regaladas, los karaokes de Akihabara, mis relaciones emocionales quebradas, los ataques absurdos de ira, de celos, de rabia, de pena, de tontera, de traicion, de pendejo, las horas de postproducción, mi encuentro con el reverso y el Dobleverso, Ella, Ellas, Todas. Todo eso apareció y después de un tour de force, lloré. Hace años que no lo hacia. Y no pude parar. No pude parar en un buen rato. Y en ese minuto decidí que me tenia que ir. Un tiempo. Un rato. Desconectar y ojala, conectar. Buscar un nuevo camino. Una nueva historia. Y en eso estoy. Ese día, conduciendo de vuelta, a las 6 de la mañana, el sol salió. Y fue impresionante y estúpidamente epifanico. Después de una noche extrema, con mucho pisco sour en la sangre, llegue quizá a una conclusión extremadamente obvia…pero necesaria: El sol siempre sale. Pase lo que pase. Y ya se cumplieron 6 meses desde el estreno de Santos…y algo me dice que va a amanecer pronto.