
Catalina Saavedra’s La Nana.
Vivimos tiempos excitantes para la inexistente industría local. Ayer, dando tumbos por la noche santiaguina, me encontré con Sebastián Silva, director de La Nana, recientemente galardonada en Sundance. Silva iba a tocar con su grupo CHC en el Espaciocal, yo estaba en la entrada pero finalmente una conversación con una gran amigui -a quíen puse al día sobre todos mis tropiezos y excesos laborales y sentimentales- hizo que me perdiera el show.
Lo bueno es que pude conversar con Silva, quién ya tiene financiamiento para hacer su primera peli en inglés: Second Child. Lo que logró Silva es impresionante. Hizo una película el verano pasado, encerrado en la casa de sus padres, con un equipo pequeñisimo (incluyendo a la gran Gabi Sobarzo) y se llevo el galardón más importante en la World Dramatic Competition. Yo estaba en la playa cuando me entere de la noticia y me emocioné de verdad. En un modelo tan Davidversusgoliatesco como es la mega-industria norteamericana, que una pequeña cinta nacional ocupe un espacio tan impresionante en una de las competencias mas importantes a nivel de industria, sin el apoyo (más encima) de una distribuidora es algo para sacarse el sombrero, el cinturón y los calzoncillos. Días después, Andrés Wood se llevó el Goya a la mejor pelicula hispanoamericana con La Buena Vida. Genial. Wood y Silva se lo merecen. Se lo merecen porque han sido honestos y han contado lo que han querido contar, sin pensar dos veces en seguir tendencias-supuestamente-taquilleras.
Debido a eso (y al guatazo-ostiazo-pencazo-eriazo-erizo de Santos) me pidieron de La Tercera (periódico chileno para nuestros lectores eslovacos confundidos) que escribiera una columna sobre la extraña relación de premios internacionales versus taquilla con nuestras peliculas locales (La buena vida fue vista solo por 40,000 espectadores, mientras que la anterior de Wood superó los 600,000). Aquí va.


Wood y Silva, con cara de directores.
Nadie sabe nada.
Por Nicolás López.
El cine es el único negocio del mundo que no tiene margenes…quien se dedica a construir edificios sabe cuál es su mejor y peor escenario. En esta profesión, no. Puedes filmar una peli en video con gente dando gritos en un bosque y de pronto haces El proyecto de la Bruja Blair. Y puedes tener un elenco lleno de estrellas, un genero “taquillero”, todo el marketing del mundo y darte un guatazo en una piscina sin agua. A mi eso me pasó con Santos: en España y Chile fueron menos personas a verla que al entierro de un torturador nazi. ¿Por que? “La crisis”, dijo la distribuidora (yo, como idiota, lo repetí), “La película es mala y el director es gordo”, dirán algunos, pero claro, eso sería si la gente la hubiera visto el primer fin de semana (y eso que allá tuvimos el apoyo de la critica). ¿Que pasó? Simplemente, no les interesó. Al igual que en Chile, donde todos se fijaron más en el presupuesto y mi insoportable figuración mediática, que en la película misma.
Me piden, a pito de eso, que hable sobre la relación del cine chileno y su publico en este torpe 2008 y llego a la clásica conclusión: NADIE SABE NADA, como dijo William Goldman. No podemos ver el cine nacional como un marca, sino que caso por caso. Por ejemplo, si llega a la oficina de un productor un director con la idea de hacer una película sobre un asesino en serie que se cree Tony Manero situada en el Chile de la dictadura, es muy probable que lo hubieran terminado sacando los guardias del edificio. Y de pronto, Tony Manero es seleccionada en Cannes y se vende para todo el mundo y triunfa en la taquilla local.
Lo mismo ocurre con El Regalo, que se estrenó con casi nada de marketing, una crítica tibia, pero que el público la recomendó hasta transformarla en un fenómeno de esos que dan gusto…llegando a ser casi la chilena mas vista del año (trono que se llevo la genial “31 Minutos”)
Al final, todos somos monos con dardos, esperando darle al blanco. ¿Y cual es el blanco?: ser honesto con uno mismo, hacer las películas que la piel te diga y en un caso maravilloso, enganchar con el publico masivo. Y no me refiero al publico del 2004. Sino, el del 2009. En una época donde todos pasamos espiando fotos de nuestros ex en facebook, jugando Wii, bajando series, las reglas de la pelea (obviamente) han cambiado…pero todo esto es favorable. Cada vez hay mas pantallas (de lcd, plasma o tubo, pero pantallas al final) y por lo tanto, ojos viendolas. Este año fueron más de 900,000 personas a ver cine chileno…pero eso se repartió en más de 21 pelis. El problema no es de la crítica, ni de los medios, ni del público. El problema es de nosotros. Necesitamos seguir lanzando dardos. Siempre se habla que las industrias están en crisis hasta que una cinta revoluciona eso. Y la única forma de lograr que nuestro publico vea nuestras películas es haciéndolas divertidas, emotivas, estúpidas, inteligentes, hermosas, horrorosas, de la forma que sean, pero siempre intentando conectar con la gente. Cosa, creo, creo que algunos hemos olvidado y necesitamos recordar.